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Hector Torres
Alas libres en la vastedad
Te pienso, te imagino, y te siento muy cerca de mí
Me aproximo y juego a sentirme muy dentro de ti
Me dueles, aquí donde me lates y más acá donde palpitas
En la piel, el músculo, y la sangre, me dueles, me faltas
No te niegues, hace como la luz, sé dulce, pura y carnal.
Es verdad que cada vez que hablo de ti, hablo de mí
Me place tu interrogante, ¿pues de quién hablaría entonces?
¿De la piedra, del cangrejo; del otro individuo que te acecha?
¡Cuándo según yo,! ¿tu piensas o lo imaginas al amanecer?
¡No Amor,¡ eso sería insensatez de desquiciada amargura.
Yo te reclamo, te añoro te busco, porque me muero de ti
porque me hielas y me angustias, porque sin ti sé me seca la piel
mi piel que arde al otro lado de tu ser, de tu imagen de mujer
No me preguntes por qué; mi corazón carece de razones
y se niega a aprender, es testarudo, como una mula empacada.
A veces observo las nubes, con su carga húmeda de agua o nieve,
el viento cuando silva y me susurra tu nombre, me dice... amor.
Cuando estoy frente al oleaje, eres agua, tocas mis pies desnudos.
Siento tu cabellera con olor a mar y a cuerpo fresco de mujer
me trasportas mas allá de ti y de mi, para seguir siendo los dos
no pido nada mas, que tu presencia de océano con todo su oleaje
¡Otra vez! la sensación de ausencia y soledad, de paraíso mustio.
Cuando mis manos y mi cuerpo de imán, afiebrado de razones
descienda desde tu cabellera hasta tus zapatos y suba por tus venas,
Entonces no me dejaras ir de ti, me seducirás con tu danza erótica
Nos prolongaremos en el éxtasis de vértigos y abismos infinitos.
Entonces ya no padeceremos arrogancias, ni angustias, seremos deseo,
Seremos transito de amor en la sangre, alas de luz y vastedad del universo
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